"Villamanta y el camino de Guadalupe (Cáceres)"

A finales del siglo XIII o principios del XIV el pastor de vacas cacereño Gil Cordero, tras una milagrosa aparición, encuentra la imagen de la Virgen negra escondida en algún lugar de las profundas sierras de Las Villuercas.

 

A partir de ahí se establece un santuario que comienza a recibir peregrinos de su entorno más cercano. Será hacia 1330 cuando el rey Alfonso XI de Castilla y de León (1311-1350) visite la zona, donde tenía uno de sus cazaderos de osos según consta en su famoso “Libro de la Montería”.

 

Este rey impulsó la construcción inicial del Monasterio de Guadalupe, en el año 1337, esto hizo que llegaran más peregrinos al santuario.

Pero esta proyección histórica del monasterio va aún más allá de su recinto, y se creó una red de caminos, corredores culturales y naturales que dio lugar a un nutrido conjunto de patrimonio arquitectónico y de tradición oral, inmaterial, que aún es posible localizar.

 

El devenir de los siglos fue borrando el trazado de los primitivos caminos en unos casos, y en otros remarcó su trazado afianzando las vías de comunicación. Todo ello sobre un territorio privilegiado y de enorme riqueza paisajística y natural, atravesando espacios naturales protegidos (parques nacionales, parques naturales, zepas…), humedales, bosques, conjuntos de sierras y valles… con un alto grado de biodiversidad y muy buen estado de conservación.

 

El proyecto ITINERE1337 de cooperación interterritorial formado por 17 grupos de acción local ha conseguido la recuperación de 12 caminos de peregrinación al Monasterio de Guadalupe, Patrimonio de la Humanidad, y ha puesto en valor corredores ecoculturales, ejes de ordenación territorial y motores para el desarrollo de las comarcas rurales que conectan.

 

Creándose así, la red de Caminos a Guadalupe.

Rutas Camino de Guadalupe:

Camino Real:

Esta ruta, ya utilizada como vía de comunicación por los romanos y más tarde por los árabes, tuvo un papel determinante a partir de la construcción del monasterio de Guadalupe en el siglo XIV; fundamentalmente en las peregrinaciones que lo unían con Castilla, fue una de las rutas más frecuentadas desde la Baja Edad Media, teniendo su mayor apogeo entre los siglos XV y XVI. Ampliamente descrito y citado por numerosas fuentes, representaba un cauce caminero para la devoción Mariana y la aventura de miles de peregrinos que se desplazaban a lo largo del año desde muy diferentes puntos de la geografía española.

 

Múltiples viajeros ilustres fueron dejando constancia, en distintas épocas, de los lugares que recorrieron y visitaron en sus largos viajes por el Camino Real; aquellos parajes, veredas, ventas y villas que componían el trazado histórico de nuestra ruta y que han sido de gran utilidad para, trasladándolos y adaptándolos en la medida de lo posible, reconstruir el Camino.

 

La designación como Camino Real se consolida en la España de los Austria, por haber sido protegido y utilizado por sus diferentes monarcas. Denominados en aquella época “caminos reales”, vías de comunicación que pertenecían al rey y que por tanto no podían ser enajenadas, ni roturadas, ni invadidas.

 

También conocidas como ‘caminos de herradura’, al estar empedradas. Fue también itinerario de las postas para llevar el correo real.

 

Llegaron en peregrinaje personalidades religiosas, como San Pedro de Alcántara, Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Borja… Y de otra índole, como Cristóbal Colón que trajo aquí a bautizar a los indios Cristóbal y Pedro, o posteriormente Miguel de Cervantes, quien vino a ofrecer sus cadenas a la Virgen tras ser liberado de las mazmorras de Orán.

 

Así fue que hasta finales del siglo XVII conservó Guadalupe su carácter peregrino y de centro espiritual del reino, pues gozó del aprecio de la casa de los Austria.

Camino de los montes de Toledo:

Un camino heredero de la antigua calzada que unía la antigua Toletum (Toledo) con Emérita Augusta (Mérida), junto con otra vía secundaria, y no menos importante, que llegaba desde Caesarbriga (Talavera de la Reina) hasta Puerto de San Vicente.

 

Una infraestructura ya creada que serviría de paso para el trasiego de peregrinos que se iniciará a finales del siglo XIV y que se verá potenciada sobre todo a partir de los siglos XV y XVI por la significación religiosa, cultural y artística que adquirirá el propio monasterio de Guadalupe. 

 

Por aquí pasaron reyes, caballeros, soldados, monjes y clérigos; trovadores, juglares, burgueses y mendigos; sanos y enfermos, hombres y mujeres, todos, caminando o en cabalgaduras, en solitario o en grupos que se iban transformando durante el camino, pues algunos abandonaban y otros se incorporaban, todos ellos devotos marianos, que dieron en mayor o menor medida forma y sentido a este itinerario bañado por la fragosidad de su relieve y la belleza de sus valles.

 

El camino guadalupense, que históricamente ha sido el segundo camino de España por número de peregrinos, tiene dos recorridos que pasan por Toledo.

 

Esta significación la encontramos en los orígenes de su episcopado, puesto que Guadalupe ha sido y sigue perteneciendo al arzobispado de Toledo, y tanto clérigos como obispos y monjes iban hasta allí por este recorrido.

Queda reflejado en los documentos de que la Casa Real de los Austria tuvo en gran estima a Guadalupe (santuario en el que alguno de sus miembros está enterrado) y lo impulsó como lugar de peregrinación y centro cultural y espiritual.

 

Tanto Carlos I como Felipe II sintieron predilección por la orden jerónima. Fruto de esta relación jerónima con este camino la tenemos aún hoy en las cruces, fuentes, templos u hospitales que pueden apreciarse en sus pueblos, veredas y cordeles.

 

Los peligros que representaba realizar el camino lo vemos con la épica histórica de la lucha de la Santa Hermandad con los primeros bandoleros; en esta zona, caracterizada por lo montuoso de su paisaje, se refugiaron numerosos bandoleros por la continua hostilidad permanente con el concejo de Toledo, acrecentada en los siglos XV y XVI. Muchos de los peregrinos que se acercaban a Guadalupe fueron atacados por estos, también denominados en aquella época como golfines.

 

De nuevo con las guerras carlistas en el siglo XIX y el periodo franquista en el XX resurgiría de nuevo este rebrote de bandolerismo, esta vez motivado por la represión política y social de la época.

 

Desde el punto de vista artístico, Toledo y Guadalupe guardan un paralelismo digno de mencionarse, no solo en la arquitectura jerónima de la época sino también en la miniatura de corales, en el bordado y en otras manifestaciones artísticas.

Camino de la Jara:

El de La Jara es un nuevo Camino a Guadalupe, una vía de peregrinación de reciente creación que conforma un corredor ecológico y cultural para unir esta comarca toledana con la Puebla de Guadalupe.

 

Y no es que las gentes de Calera y Chozas, Aldeanueva de Barbarroya o Campillo de la Jara no visitara a la Morenita allá por los siglos XVI y XVII, que lo harían, si no que a buen seguro no irían por este trazado, pues corresponde a una vía férrea cuyo línea se pretendió abrir durante el siglo XX para unir las tierras de Talavera de la Reina con las Vegas del Guadiana.

 

La sección central de esta vía, la que atañe al tramo entre Guadalupe y la estación de Santa Quiteria, no llegó a afianzar su plataforma, lo que ha impedido su recuperación como Vía Verde; no así las otras dos secciones, la de La Jara y la de las Vegas del Guadiana-Villuercas, que sí engrosan en la actualidad los cientos de kilómetros recuperados con este modelo por toda la geografía española.

Ante la imposibilidad de unificar todo el trayecto bajo el marchamo de Vía Verde, el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, ha optado por enlazarlas con la construcción de un Camino Natural, el de Villuercas, figura que se asemeja bastante a la de las Vías Verdes en cuanto a estructuras y calidades, aunque sin partir, obviamente, de una plataforma ferroviaria, sino fundamentándose más bien en la recuperación de caminos públicos.

Por eso a partir de la estación de Minas de Santa Quiteria, nuestra nueva vía de peregrinación continúa hasta Guadalupe por el Camino Natural de Villuercas, en un recorrido cargado de historia y de gran atractivo medioambiental, que no sólo invita a revivir el pasado ferroviario español donde, paradójicamente, jamás se vio un tren, sino que también permite conocer un patrimonio histórico y cultural que está siendo rescatado del olvido, mientras disfrutamos una perspectiva única de parajes naturales declarados Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugares de Interés Comunitario (LIC).

 

Por tanto, adoptamos este itinerario como uno más de la red de Caminos a Guadalupe, pues aunándolo con la plataforma abierta del Camino Natural de Villuercas, permite realizar estos 110 kilómetros de peregrinación íntegramente en bicicleta; e incluso, sin llegar a ser un sendero adaptado, permite su uso por personas de movilidad reducida.

 

Si bien no representan a las rutas tradicionales de peregrinación a Guadalupe, entroncan con los nuevos tiempos introduciendo otros modelos que, en esencia, son tan válidos como los anteriores.

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Camino de Cabañeros:

Desde la Edad Media, la fe del hombre cristiano en acometer enormes distancias con un fin estrictamente religioso, fue una de las características esenciales en la consolidación de los diferentes centros de peregrinación en la península.

 

Todo ello suponía un desafío directo a las capacidades humanas, rasgo inconfundible en el peregrino que se disponía a realizar el camino: distancia, parajes difíciles de recorrer, ausencia de caminos o condiciones precarias, problemas de alojamiento, escasez de alimentos y riesgos humanos.

 

Es por ello que uno de los principales problemas a que debía hacer frente la institución guadalupana para asentar estos caminos de peregrinación, era la enorme extensión despoblada de las comarcas lindantes con el Monasterio.

 

Esto hacía difcil el viaje de los peregrinos, que debían atravesar durante varias jornadas de dura marcha unos montes totalmente deshabitados, sin encontrar refugio en su camino y pudiendo por ello ser más fácilmente víctimas de los salteadores de caminos.

Sin dejar de prestar atención a la falta de alimentos que, por improvisación, desconocimiento o por circunstancias fortuitas, pudiera sobrevenirles.

 

La realidad es que no eran pocos los peregrinos que habiendo emprendido el camino para llegar hasta Guadalupe, fallecieran por estas causas en el camino.

 

El problema que planteaba el tránsito por estas tierras era perfectamente conocido por el propio rey Pedro I hacia finales del siglo XIV, que pudo comprobar las dificultades que el viaje presentaba. No obstante sabemos que el trasiego de peregrinos que procedían del este, sobre todo en los siglos XV y XVI, utilizaban este camino por considerarlo más seguro que las otras dos vías de peregrinación guadalupanas, nos referimos al Camino de los Montes de Toledo, y al de Levante, desde Saceruela.

 

Un gran protagonista de este camino, que contribuyó a afianzarlo como una ruta más segura, lo encontramos en la figura de Alfonso XI de Castilla (1312-1350), fundador y gran benefactor del Monasterio de Santa María de Guadalupe. Bajo su reinado mandó allanar el paraje, donde empieza a declinar la sierra de Altamira, a su paso por la población de Puerto Rey, para facilitar el paso de la comitiva real y de los peregrinos camino del monasterio.

 

El inicio de nuestro recorrido comienza en la localidad de Alcoba, población integrada en los Montes de Toledo y desde 1542 perteneciente a los antiguos ‘Estados del Duque’ o ‘Estados del Duque de Medinaceli’.

Camino de Levante:

El origen del camino es dificil de precisar, unas veces por el carácter legendario de los relatos y otras por las incertidumbres de los cronistas de la época.

 

Sin embargo, la historia del descubrimiento de la virgen fue rápidamente divulgada y aceptada por la sociedad de la Baja Edad Media.

 

En contra de lo que sucede en los otros caminos de peregrinación en el siglo XIV, ya que entraron en declive debido a la peste negra, la división de la cristiandad (los protestantes consideraban las peregrinaciones como actos populacheros) y la dedicación casi exclusiva de los monarcas a conquistar nuevos mundos, el Camino de Guadalupe surge con fuerza en el panorama peninsular, gracias al apoyo incondicional de la Casa de Austria y la propagación como centro cultural y espiritual por parte de la Orden de los Jerónimos.

Uno de los principales valedores e impulsor de nuestro Camino de Levante fue el rey castellano Enrique IV. No se sabe si utilizó exactamente el trazado actual entre Saceruela y Guadalupe, ya que los caminos en el medievo variaban continuamente en función de nuevas veredas y cordeles que facilitaran el camino, aunque si podemos afirmar que partió de la localidad de Saceruela en 1463, acompañado del maestre de la Orden de Calatrava Pedro Girón Acuña, para dirigirse a Guadalupe.

 

También sabemos que a su paso, concedió a Saceruela la independencia con respecto a Piedrabuena y nuevas tierras cercanas para que cultivaran.

 

La consolidación definitiva de este camino surgirá en el siglo XVI, con la figura de Don Alonso Rodríguez de amargo, presbítero de la Orden de Calatrava, Alcalde Mayor de Toledo en el año 1570 y personaje ilustre de Saceruela.

 

De su gran labor destacamos la reunificación de varias cofradías, como la de Santa Ana y la Veracruz, arraigadas ya de antiguo en Saceruela, en la nueva Orden del Sacer, con el objetivo de mantener los hospitales del camino a Guadalupe y asistir a peregrinos y necesitados que frecuentaban esta ruta.

La Orden del Sacer:

 

Los peregrinos que se dirigían al santuario estaban, en general, desprovistos de caminos seguros, posadas, hospitales y demás servicios. Esto hacía difcil el viaje de los romeros que debían atravesar durante varias jornadas de marcha unas tierras totalmente despobladas, sin encontrar refugio en su camino y pudiendo por ello ser más fácilmente víctimas de los salteadores de caminos, por una parte, y, por otra, de la falta de alimentos que, por improvisación o desconocimiento, pudiera sobrevenirles.

 

Por estos motivos y tras el aumento continuo de peregrinos que utilizaban este camino, surgió la Orden del Sacer, una de las primeras instituciones romeras creadas fuera del dominio jerónimo en Guadalupe y principal impulsora en el mantenimiento de hospitales e infraestructuras creadas en beneficio de los peregrinos.

Camino de los Mineros:

La historia de este camino surge paralelo a la explotación de las minas de mercurio de Almadén, en la provincia de Ciudad Real, inicio de nuestra ruta peregrina.

 

A pesar de que fueron ya utilizadas por los romanos (la antigua Sisapo), no será hasta el descubrimiento de América y sus grandes minas de plata cuando reciban el gran impulso para el consumo de mercurio, dado por la necesidad de amalgamar en frío la plata extraída.

 

A partir de aquí las aplicaciones del mercurio empiezan a multiplicarse. Paracelso, en el siglo XVI, introduce su empleo en el tratamiento de la sífilis, Torricelli en 1643 lo utiliza en su barómetro, y en 1720 Fahrenheit lo emplea en su termómetro.

 

 

De hecho será su utilización para paliar la sífilis el verdadero nexo de unión entre Almadén y nuestro monasterio, puesto que a partir del siglo XVI la botica guadalupense utilizará este mineral para paliar esta enfermedad infecciosa.

 

Son famosas por ello las llamadas unciones de primavera, que consistían en un tratamiento de la sífilis a base de mercurio, que los monjes boticarios traían desde las minas de Almadén.

 

Fue notable el gran prestigio que tuvo la asistencia sanitaria en este monasterio a nivel nacional.

 

La historiografía de la medicina española describe la importancia de los hospitales de Guadalupe como auténtica escuela de medicina en un periodo tan precoz como la Baja Edad Media.

 

La cercanía de Almadén a las tierras extremeñas, dentro de lo que se llamó antiguamente como la ‘Mancha Baxa Extremeña’, que abarcaba desde el propio Almadén hasta Siruela, en la provincia de Badajoz, y la existencia de un mapa en el Monasterio de Guadalupe, nos recuerda la importancia de esta zona para la trashumancia de ganado entre el norte y el sur peninsular y el abastecimiento de mercurio para el funcionamiento de los hospitales guadalupenses.

 

De Guadalupe a Almadén se utilizaba un ramal de la antigua cañada real segoviana de La Mesta, que enlazaba desde Talavera de la Reina y bajaba hasta Guadalupe, para después continuar por la Mancha Baxa hacia los territorios de Almadén y finalizar en Andalucía.

 

Uno de los fundadores de la Orden de San Jerónimo, Pedro Fernández Pecha, uno de los principales colaboradores de Alfonso XI y estrechamente ligado a la consolidación de los nuevos monasterios jerónimos, en especial el de San Bartolomé de Lupiana y el de Guadalupe, sería el verdadero impulsor en las relaciones mercantiles del azogue en Guadalupe, ya que hacia 1348 arrendaría los pozos de mercurio de Almadén.

 

Aunque posteriormente se haría cargo la corona española, sobre todo a raíz del descubrimiento de América de las productivas minas de Almadén, no se olvidaría de establecer estrechos vínculos con la orden para el suministro de este mineral.

Camino Mozárabe:

Mozárabe es el nombre que recibían los cristianos que convivían en territorio musulmán, y proviene de la voz musta´arabib (arabizado).

 

Existieron grandes comunidades mozárabes en el sur peninsular, las más importantes fueron las de Mérida, Sevilla, Granada y Córdoba.

 

Como es lógico los peregrinos aprovecharon las principales vías de comunicación de la época, hablamos de la calzada que desde Córdoba se dirigía a Medellín, Mérida, Cáceres, Alcántara y posteriormente Coimbra y Oporto.

 

Nuestro peregrino la empleaba sólo hasta Magacela, para continuar por las Vegas del Guadiana entre Villanueva de la Serena y Logrosán y enlazar seguidamente con el actual Camino Natural de las Villuercas hasta nuestro destino en Guadalupe.

 

Como hemos comentado anteriormente, en nuestra primera etapa del camino se utilizará la antigua calzada romana que unía la zona bética con la lusitana, coincidiendo con el peregrino santiaguista que aprovechaba esta arteria milenaria para dirigirse a Mérida y tomar la Vía de la Plata.

Los romanos pavimentaron la calzada y la dotaron de puentes, miliarios (grandes bloques graníticos que indicaban las millas) y mansios (lugares para el descanso de los viajeros, origen de algunas poblaciones actuales).

 

Árabes y cristianos la utilizaron masivamente durante las luchas por las tierras de la meseta, siendo también influyente el uso como ruta de peregrinación a Santiago y a Guadalupe, bajo la denominación de Camino Mozárabe.

 

La bula de Benedicto XII en el siglo XIV así lo ratifica, fue fruto de las preocupaciones del rey Alfonso XI, que deseaba situar en Guadalupe el gran santuario mariano de Castilla para contrarrestar la excesiva preponderancia de Santiago de Compostela como lugar de constantes peregrinaciones, controlar las fronteras del oeste, atraer gentes hacia esta zona y fomentar el tráfico de animales, por las cañadas reales hasta tierras de Extremadura y de Andalucía.

 

El fecundo contacto cultural entre cristianos y musulmanes, entre mozárabes y mudéjares, produjo a lo largo de la Baja Edad Media magníficos encuentros arquitectónicos y artísticos.

 

Y el mayor ejemplo de lo que estamos exponiendo lo encontramos en Guadalupe, con su monasterio de claro estilo mudéjar, fruto de la convivencia en un principio pacífica de judíos, mudéjares y cristianos.

 

Otros ejemplos los encontraremos en Magacela, Logrosán y Cañamero, con importantes fortificaciones tras los asentamientos árabes y su posterior reconversión y adaptación en castillos cristianizados.

 

A partir del siglo XIV, con el descubrimiento de la Virgen de Guadalupe, la vía romana, que unía el suroeste peninsular con el noroeste comienza a ser recorrida también por peregrinos mozárabes, que obtenían desde Córdoba el salvoconducto que les permitía atravesar la frontera entre Al-Andalus y los reinos cristianos.

Camino Romano:

Este camino es heredero de la antigua calzada romana que una Mérida con Toletum (Toledo), de gran esplendor en la época.

 

Los orígenes de esta ruta se pierden en la noche de los tiempos, pues es probable que esta calzada romana se levantara sobre un antiguo camino tartésico construido con vistas a la obtención del estaño y el oro de la Lusitania.

 

Posteriormente utilizadas desde la invasión islámica para el trasiego comercial de mercaderes, arrieros, ganado, caballerías e incursiones bélicas de uno y otro lado.

 

Será al final de la Baja Edad Media cuando Guadalupe se inserte como una encrucijada en nuestro camino, sumando a su tránsito habitual el paso cada vez más consolidado de peregrinos, y sirviendo de enlace con los caminos que por el norte venían desde la Peña de Francia o desde Ávila por el puerto del Pico.

Sobre todo a partir del siglo XV y XVI, ya en la Edad Moderna, el viejo camino recuperará un esplendor probablemente superior al que tuvo bajo el imperio Romano, al convertirse Guadalupe en el mayor centro de peregrinación de cuantos hubiera en la Península.

 

Aún se conserva numerosa documentación histórica que nos permite saber que por aquí pasaron reyes como Alfonso VII de Castilla, regresando de Córdoba en el año 1133, o el príncipe leonés Sancho Fernández de camino a Sevilla desde Toledo en 1218, que instalado en el castillo de Cañamero con sus huestes acabara muerto peleando con un oso; Enrique IV en son de guerra hacia Andalucía a mediados del siglo XV, Fernando V de Aragón e Isabel de Castilla, el rey portugués Sebastián I (sobrino de Felipe II), y otros ilustres personajes como, Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Miguel de Cervantes desde Sevilla en 1581, o Íñigo López de Mendoza.

 

Debido a las propiedades del monasterio, existentes a lo largo del camino, sabemos el flujo de peregrinos que sostuvo esta vía, que se nutría además de viajeros que procedían del sur, como es el caso de Sevilla por la Vía de la Plata, y por el este, de las poblaciones ubicadas en las cercanías de Badajoz o de Portugal.

 

Sin lugar a dudas los mayores impulsores y protagonistas de este camino, como de tantos otros vinculados con Guadalupe, fueron Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón. Unos Reyes Católicos que aunque no realizaron el camino en acto de peregrinaje sí que mostraron un especial interés por el santuario de Guadalupe, llegando a visitarlo en más de dieciséis ocasiones.

 

Fernando de Aragón comienza y termina su reinado unido al Real Monasterio de Guadalupe. Saliendo del monasterio, camino de Trujillo, le comunican que es rey porque ha fallecido su padre Juan II (enero de 1470), y camino de Guadalupe, donde iba a presidir el capítulo de la Orden de Calatrava, muere el 23 de enero de 1516 en Madrigalejo, en la casa que los jerónimos de Guadalupe tenían en esa villa cacereña.

Camino Visigodo:

La escasa información documental y arqueológica y el amplio vacío historiográfico que ha recibido la etapa visigoda en nuestra región ha supuesto la ausencia de un estudio más exhaustivo y amplio sobre el conocimiento de estos pueblos, que vinieron del centro y norte de Europa tras el abandono, crisis y posterior desaparición del imperio romano allá por el siglo V d.C.

 

Esta falta de referencias relacionadas con nuestro camino nos plantea la necesidad de exponer todos los hechos e indicios que vincularon a estos pueblos que habitaron la península desde mediados del siglo V y comienzos del siglo VIII, con la posterior fundación y afianzamiento de nuestro Monasterio de Guadalupe en el siglo XIV.

 

Y es que nuestro itinerario peregrino toma el nombre del período del principal centro religioso que queda actualmente en nuestra región, la basílica de Santa Lucía del Trampal de Alcuéscar, de etapa visigoda.

Todos sabemos que la patrona actual de nuestra región es la Virgen de Guadalupe, pero no siempre fue así.

 

En tiempos prerromanos se rindió culto en esta zona a la diosa Ataecina, a la que se representaba en forma de cabra. De esta diosa tenemos numerosos epígrafes en la región y la mitad de todos los existentes se encontraron aquí, en Santa Lucía del Trampal.

 

Ignoramos cuáles serían los motivos que traerían peregrinos en la antigüedad a estos parajes, aunque dado el carácter vengador de la diosa bien pudiera ser para pedir el castigo por algún robo, como aparece en la placa de mármol del museo de Mérida, en la que se invoca el castigo de la diosa para el autor del hurto, y como parece insinuarse en una de las inscripciones de Santa Lucía.

 

La basílica posee la peculiaridad junto con Guadalupe de ser santuarios de difícil acceso, tal vez buscando el misticismo de lo oculto entre las ramas de profundos bosques, dando mayor énfasis al carácter sagrado de estas divinidades a las cuales sus fieles encontrarían en una suerte de peregrinaje iniciático las razones de su búsqueda espiritual.

 

Este camino no se entendería sin el legado que dejaron estos pueblos visigodos venidos del norte, ellos trajeron el derecho explicitado para el desenvolvimiento de las comunidades existentes, no son guerreros, pero sí influyentes, pero se equivocaron y tuvieron que desaparecer, quedando su impronta a lo largo de nuestro camino, en forma de estructuras arquitectónicas de gran simbolismo, restos arqueológicos, diferentes escritos y leyendas.

Camino de los Descubridores:

Bautizamos a este camino con el nombre de los ‘Descubridores’ por los personajes que contribuyeron a la exploración, conquista y posterior colonización de las tierras del Nuevo Mundo.

 

Por él llegaron muchos de los romeros extremeños y de Portugal, nación histórica tan vinculada a Guadalupe como la propia España.

 

Por ello y por la utilización de este camino por parte de nuestros protagonistas que venían desde Sevilla por la Vía de la Plata, atravesando por ello ciudades como Mérida, Cáceres o Trujillo, se ha venido a denominar este camino lleno de leyendas, relatos e historias.

 

Muchos de nuestros descubridores están asociados a estas ciudades, puesto que nacieron o residieron en alguna de ellas, como el caso de Francisco Pizarro y Francisco de Orellana, naturales de Trujillo, Hernán Cortés de Medellín, localidad cercana a Mérida, o Juan Cano de Saavedra, Francisco de Godoy y Mencía de los Nidos, en Cáceres.

 

El Monasterio de Guadalupe enlaza con las expediciones americanas y se convertiría en centro de peregrinación y lugar de encuentro para estos hombres en la creación de su aventura de ultramar.

 

La mayoría de ellos, a su vuelta, rendían tributo emocionados ante la virgen de Guadalupe.

 

Ilustres personalidades asociaron y consagraron a Guadalupe en múltiples lugares conquistados, como la advocación asignada a una de las tres carabelas que descubrieron el Nuevo Mundo, Santa María, o la fundación de la isla de Guadalupe por parte de Cristóbal Colón en la zona de las Antillas Menores.

Hacia fines del siglo XVI, la devoción de María de Guadalupe se había extendido por América del Sur, recibiendo grandes limosnas los santuarios que se erigieron.

 

Conociendo los jerónimos que los conquistadores eran extremeños, daban por descontado su gran devoción a María de Guadalupe de Extremadura creyendo que la devoción de Guadalupe en América no era sino una extensión de la española.

 

Figura emblemática y unida a Guadalupe es el almirante Cristóbal Colón, gran descubridor del Nuevo Mundo, y que visitó varias veces el santuario para entrevistarse con los Reyes Católicos con el objetivo de que financiasen su empresa.

 

Cuando Colón vino a Guadalupe en 1496 se bautizaron dos criados suyos en el pilón que existe en la plaza del santuario. Colón ofreció a Nuestra Señora una lámpara de plata y varias joyas de oro (como aparece en el Libro de Bienhechores de Guadalupe, manuscrito noventa del Archivo Real del Monasterio).

Camino Monfragüe:

Nuestro Camino toma el nombre de uno de los espacios naturales más representativos de la geografía nacional y emblema de la conservación en Extremadura: el Parque Nacional de Monfragüe (monte fragoso).

 

Los valores naturales de nuestro recorrido se complementan con un extenso patrimonio histórico, artístico y cultural, salpicado por cada uno de los trece municipios que atravesaremos.

 

Una historia que queda reflejada en sus numerosos monumentos y vestigios: pinturas rupestres en Monfragüe, castillos y conventos en Belvís de Monroy, palacios históricos como el de las Cabezas de Casatejada, iglesias como la de San Blas en Toril (reconvertida en Centro de Interpretación de la Biosfera) o conjuntos históricos y artísticos de gran relevancia como la ciudad medieval de Plasencia.

Fundada por el rey castellano Alfonso VIII en 1186, tras la reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes. Apenas dos años después, el Papa Clemente III crea el obispado de Plasencia, que posteriormente en el siglo XIV entrará en confrontación con el arzobispo de Toledo, en la que ambos defendían que la iglesia de Santa María de Guadalupe debía situarse dentro de su diócesis.

 

El conflicto se resolvió a favor del arciprestazgo de Toledo, cuya diócesis se haría cargo del santuario.

 

En el siglo XIV era ya Guadalupe un centro de atención de inmigrantes, peregrinos y comerciantes, con residencia en el poblado que, poco a poco, crecía junto al santuario. Poco después de la muerte del gran valedor del monasterio, Alfonso XI, el mitrado placentino don Sancho aprovechará la situación para intentar incluir directamente bajo su jurisdicción a la reciente fundación religiosa.

 

Se presentó en Guadalupe con la intención de apresar al prior Toribio Fernández para encerrarle y sustituirle por otro que él mismo designara. Al no dar con el prior, rompió las arcas de la iglesia y se llevó 500 maravedís que pertenecían a la iglesia.

 

Sabemos también que de Plasencia partió el rey Fernando ‘El Católico’ hacia su último viaje, antes de fallecer en la localidad de Madrigalejo en 1516 cuando se dirigía a Guadalupe a celebrar un capítulo de la Orden de Calatrava.

Los doce apóstoles de Belvís: uno de los pueblos más representativos y significativos de nuestra ruta peregrina y de la evangelización hispana en el Nuevo Mundo, es Belvís de Monroy.

 

Y es que la historia relata que desde el convento de San Francisco de Belvís partieron en 1523 doce misioneros hacia las nuevas tierras conquistadas, sembraron en el nuevo continente la devoción a la virgen de Guadalupe.

Camino de los Jerónimos:

"Mi vida ha sido un largo viaje’, exclamaría Carlos, I de España y V de Alemania, a su llegada al Monasterio de Yuste en el ocaso de aquel crudo invierno de 1557.

 

Tras un largo periplo de varios meses de viaje desde sus posesiones en Flandes, y tras dejar su reinado en manos de su hijo Felipe II, el emperador haría su entrada a través de la iglesia del pequeño cenobio de Yuste, donde fue recibido por la reducida comunidad de monjes jerónimos que habitaban el monasterio.

 

Colocado en una silla, todos los religiosos fueron besándole las manos, mientras el prior le dirigía unas palabras de agradecimiento por su elección de vivir con ellos. Así llegaba el principio del fin de uno de los principales personajes de la historia europea y de nuestro camino Jerónimo, pues su viaje y vida activa estaban acabando.

Un itinerario entre dos de los monasterios más importantes de la orden jerónima, que se irá conformando a manera de corredor histórico y cultural, uniendo el monasterio de Yuste con el de Guadalupe, que como ya sabemos, fue el principal centro intelectual, cultural y religioso de los siglos XV y XVI.

 

La orden Jerónima, que fue instaurada en el siglo XIV, no es, paradójicamente, una fundación de San Jerónimo.

 

Los verdaderos creadores de la orden serían Pedro Fernández Pecha y Fernando Yáñez de Figueroa, que antes que religiosos fueron nobles de la cámara de Don Alfonso XI (1311- 1350) y su hijo Don Pedro I el Cruel (1334-1369), estableciéndose una corriente de simpatía, admiración y respeto por parte de muchos miembros de la nobleza hacía esa nueva familia religiosa establecida en San Bartolomé de Lupiana (en tierras de la actual Ciudad Real) y su proyecto de renovación espiritual.

 

Sus fundadores fueron promotores de un movimiento eremítico de vida contemplativa que surgiría como reacción a la decadencia monástica y totalmente independiente del monacato tradicional.

 

Juan I de Castilla, en 1389 decide entregar la antigua iglesia de Guadalupe, sobre la que tiene reconocido el patronato regio, a los jerónimos, como un eslabón más en la ambiciosa política de reforma religiosa que emprende el monarca castellano.

 

El paso de iglesia a monasterio, de clero secular a regular, pone fin a un período en el que Guadalupe pasa de ser un simple eremitorio, a convertirse en uno de los centros marianos más importantes de Castilla.

 

A partir del siglo XV los jerónimos se entregarían rendidamente a los monarcas para que utilizasen y se sirviesen de la orden como propia. Tanto los Reyes Católicos como Felipe I y posteriormente Carlos V y Felipe II, fortalecerían y reafirmarían la importancia y el peso que tendría la orden en el panorama eclesiástico español.

Villamanta-Camino de Guadalupe (Cáceres):

Previsión de realización en.... Pendiente en 2019,consta de 2 tramos y unos 200 kilómetros aprx., realizandolo en 2 días.

Saliendo desde Villamanta y siguiendo el Camino Real:

Es el camino del que se tiene más información histórica gracias a que es el que utilizaron distintos reyes de Castilla en sus peregrinaciones a Guadalupe.

 

Tiene dos puntos de partida, uno en Madrid y otro en Toledo, uniéndose ambos trayectos en la localidad de La Mata.

 

El trayecto desde Madrid suma 257 km en total, pasando por Alcorcón, Móstoles y El Álamo, entre otros municipios, antes de unirse con la variante de Toledo en La Mata.

 

A partir de ahí el camino pasa por Talavera de la Reina, Calera y Chozas y Oropesa, entre otros lugares.

A su paso por Calera y Chozas, comienza una variante del camino que se desvía para atravesar la comarca de La Jara en lugar de seguir hacia Oropesa. Esta variante es conocida como Camino de la Jara.

 

Se trata de un camino del que no se tiene constancia histórica pero que ha sido acondicionado recientemente para ofrecer una alternativa más corta y fácil de recorrer que el Camino Real, gracias a que discurre por una antigua línea de ferrocarril que nunca llegó a funcionar.

 

La distancia entre Calera y Chozas y Guadalupe por el Camino de La Jara es de 110 km, mientras que por el Camino Real es de 155 km.

 

Además, gracias a su más amable orografía la ruta puede realizarse íntegramente en bicicleta.

 

 

Tramos a realizar:

  • 1º tramo: Villamanta-calerra y Chozas (100 Kilómetros Aprox.).

  • 2º tramo: calerra y Chozas-guadalupe (70 Kilómetros Aprox.).

 

Para la vuelta existe trasporte en autobús: Empresa Samar. (estoy esperando a que me confirmen si se puede regresar con la bicicleta y si lleva algún coste adicional, precio normal unos 17€ aprox.)

Dejo este enlace de interes: Transporte público Guadalupe

Carta de ruta:

En el camino de Guadalupe no existe una "Credencial" como en el Camino de Santiago, si no una "Hoja de Ruta" en la que irás sellando por los lugares de paso.(Dejo enlace abajo para descargarlo).

OFICINA DE INFORMACIÓN TURÍSTICA DE GUADALUPE

Plza. Santa María de Guadalupe s/n. Guadalupe (Cáceres)

ayuntamientodeguadalupe@hotmail.com

oficinadeturismoguadalupe.blogspot.com

Tlf.: 927154128.

1º tramo: Navalcarnero-Calera y Chozas (100  Kilómetros Aprox.).

Primera etapa del....

ALOJAMIENTO:

1/0

2º tramo: Calera y Chozas-Guadalupe (100 Kilómetros Aprox.).

Segunda etapa del....

ALOJAMIENTO:

1/0